Por: Mónica Sánchez
Asistir a un concierto en vivo de tu artista favorito genera una dosis de emociones difíciles de explicar. Todo comienza desde el momento en que sabes que vendrá a tu ciudad: la compra del boleto, la espera, y finalmente estar ahí, sentada, rodeada de personas que sienten exactamente lo mismo que tú.
Y entonces, se apagan las luces…
En medio del escenario iluminado, aparecen esas personas —o esa persona— que han significado tanto para ti. No importa si los ves de frente o a lo lejos, casi diminutos. Sabes que es real. Sabes que esa voz que escuchas está saliendo, en ese instante, de su propia garganta. Y es simplemente… Hermoso. Un shot de adrenalina sin igual.
Yo viví mi primer concierto en 1991. Fue un grupo australiano llamado INXS, y sí, fue una experiencia única que ni siquiera imaginaba.
En 1992 vi a The Cure, que era mi grupo favorito en ese momento, y la experiencia fue completamente distinta. La conexión que sentía con ellos era mucho más profunda. La emoción era inexplicable. Verlos por primera vez fue un regalo maravilloso.
He tenido la oportunidad de verlos varias veces, y en 2013 nos regalaron un concierto de 4 horas. Fue sorprendente y, por supuesto, todos los presentes estábamos completamente extasiados.
Con otro de mis grupos favoritos, Depeche Mode, viví algo distinto: asistí a todas las presentaciones que dieron en una de sus visitas a México. Porque sí… Si puedes verlos más de una vez, mejor.
También decidí vivir la experiencia con un grupo que, aunque no era de mis favoritos, es una leyenda. Me dije: “Tal vez es la última vez que hagan una gira con todos vivos” y no me equivoqué. Fueron The Rolling Stones, y sí, fue igualmente una gran experiencia. Había algo en ellos… Una presencia construida a lo largo de muchísimos años.
También he asistido a conciertos de grupos que apenas conocía, y aunque la experiencia no fue tan significativa, no dejan de tener esa magia que existe al ver música en vivo.
Hago un paréntesis —y con lo siguiente probablemente se evidencie mi edad, si es que no lo ha hecho ya—: de verdad extraño la sencillez con la que antes se podía asistir a un concierto. Era relativamente fácil conseguir entradas, y aunque sí existían los revendedores, eran mucho menos agresivos.
No había tantos “preparativos” para asistir (muchos de ellos impulsados hoy por la industria musical coreana). Casi todo era una sorpresa. Simplemente íbamos… y disfrutábamos del momento.
Sin celular, sin muchos antecedentes.
Curiosamente, antes de comprar los boletos para este concierto, yo le decía a una amiga que no pensaba sacar el celular. Quiero vivir la experiencia completa. Y ahora, los chicos están pidiendo exactamente eso.
Mañana es el primero de tres conciertos de BTS en México con su gira Arirang, y la emoción es indescriptible. Las personas que tendremos la fortuna de estar ahí sentimos algo que no se puede poner en palabras, y que, al terminar, se quedará como un recuerdo imborrable en nuestros corazones.
Para mí, ¿Qué hace diferente este concierto comparado con los que ya he vivido?
BTS es un grupo que, hasta hace 5 años, yo no sabía que existía. Así que mucho menos imaginaba asistir a un concierto suyo.
Sé que para muchas ARMY sus canciones las han acompañado en procesos personales, momentos difíciles y etapas de crecimiento. En mi caso, llegaron simplemente para hacerme feliz, sin dramas, sin expectativas.
Y aunque suene simple, no lo es.
Llegaron en un momento de mi vida en el que estaba aprendiendo a soltar muchas cosas. Un momento en el que mi gestión emocional se sentía más autorregulada y, sobre todo, en el que ya no vivía desde un lugar oscuro.
Fue ahí cuando empecé a pensar:
“Si te hace feliz y lo disfrutas, adelante… No importa lo que piensen los demás.”
Y así fue como un grupo de 7 personitas increíbles llegó a mi vida, de la mano de una alumna. Y, para mi sorpresa, empezaron a hacerme muy feliz. Así que se quedaron.
Este concierto será diferente a todo lo que he vivido. Porque no será solo la música… Sino ese contacto tan cercano que ellos siempre procuran, y que los hace tan ellos, tan especiales, tan distintos.
Ese momento no se va a repetir jamás.
Ni el concierto, ni yo seré la misma persona que entró.
Y tal vez por eso, cuando las luces se enciendan y todo termine, no solo me llevaré un recuerdo… Me llevaré una versión distinta de mí.
No imagino un mejor regalo para festejar mi cumpleaños, que justo celebro el día de hoy.
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